Maldito Centenario, no hay nada que festejar.
-Los Fabulosos Cadillacs, “V Centenario”
El día 8 de diciembre del año 2012 -en coincidencia con un rito importantisimo en los cultos marianos de todo el mundo-, el secretario del ministerio de defensa del Perú, Vicente Izarra, equivocará el envío de un e-mail de broma y adjuntará a sus destinatarios el correo personal del ministro de defensa chileno, Joaquin Lavín. El verdadero contenido de ese mensaje nunca se sabrá -es muy probable que sea una broma marcadamente irónica a la labor del gobierno chileno de facto- pero lo cierto es que los eternos asesores del otrora candidato a la presidencia decidiran jugar sucio e intervenirán el mensaje, llevándolo a la luz pública y calificandolo como “el documento electrónico más ofensivo a la labor gubernamental chilena”. Se encenderá la polémica, pues el mando ejecutivo peruano no se excusará, y mantendrá su posición férrea en aquella guerra fría entre estos dos países. Chile decidirá responder y desclasificará, tras una semana de cavilaciones entre altos mandos del gobierno, la CIA y comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas, documentos de claro espionaje peruano realizados el año 2009, respaldados por fuerte evidencia y acompañados de notas de prensa, indicando que Perú decidió encubrir su propio espionaje en territorio chileno (concerniente a la posición de silos nucleares en el desierto de Atacama) con una contra-campaña, inculpando a Chile con pruebas falsas y claramente cuestionables. Tras la salida del documento, Perú -en el más hondo de los secretos- se comunicará con altos mandos en la milicia de la fría Rusia, buscando apoyo logístico en caso de un eventual conflicto armado. El país septentrional accederá a colaborar en secreto, impulsado por un fuerte lobby realizado por el gobierno boliviano -decidido a restaurar viejas alianzas- a traves de un intermediario, que será nada más ni nada menos que Hugo Chavez, ex-presidente venezolano, dado por muerto el 2011 tras un atentado paramilitar en Caracas. La posición del supuestamente fallecido mandatario será revelada en secreto por agentes privados bolivianos relacionados con el tráfico: permanecía vivo en un punto indeterminado del bosque tropical de Mérida, en una casona escondida en las deformaciones geológicas del terreno. La casona, propiedad de José Miguel Trujillo -el más grande traficante de cocaína que ha visto Latinoamérica- sirve de asilo político, en busca de un eventual apoyo de parte del gobierno si llegase a volver al poder.
El 17 de diciembre, los radares de la FACH detectarán una inusual onda de calor, 30 millas al este de Tacna, a metros de la frontera con Chile. Las lecturas indicarán que se trata de pruebas de misiles de calor de alto impacto, de fabricación claramente extranjera. Chile exigirá explicaciones y Perú sólo dirá que “se trata de pruebas completamente inofensivas”. Esa misma noche, comandos tácticos de la milicia peruana tomarán posición en la Concordia, en un despliegue combinado entre regimientos de spec-ops en los pueblos fronterizos, milicias del ejército en el interior y baterías marítimas anti-aéreas en todo el borde costero del sur. En Chile, el ministro Lavin dará instrucciones sólidas -como nunca en cualquiera de sus cargos políticos- y enviará una fuerza de retención conjunta: Apaches, una escuadra de F-16 sobrevolando Parinacota y el hito de General Lagos cargados de sensores, y el submarino nuclear Casabianca, en préstamo por la marina francesa en aras de un posible descalabro político.
Al mismo tiempo, en el frío hielo de Surgut, científicos rusos montarán su más reciente bomba de fisión nuclear, la que llamarán “Anna” en referencia a la literatura rusa de principios del siglo XX. Un error en sus cálculos los llevará a no notar la instalación defectuosa de un condensador de reacción.
El 19 de diciembre, en un acto público en la Plaza de Armas y bajo un secretismo férreo, el secretario de estado chileno, el ministro de defensa y otras autoridades -entre las que se cuentan Ivan Moreira y Carlos Larraín, ambos ministros de Relaciones Exteriores y de Hacienda, respectivamente- serán asesinados al mismo tiempo por un grupo de francotiradores peruanos, entrenados en una estirpe historica del ejército, nacida tras la victoria aplastante del ejército chileno en la Guerra del Pacífico, más de un centenar de años antes. Efectivos de fuerzas del orden conseguirán aprehender a uno de ellos, que tras ser fuertemente torturado, se quitará la vida con cianuro encapsulado, en un descuido de su guardia. Sus últimas palabras serán un grito desgarrador: “¡Que viva Avelino Cáceres, carajo!”.
El presidente Sebastián Piñera condenará públicamente estos actos, y declarará la guerra a Perú en un acceso de furia. Ese mismo día, abordará un avión de las FACH para mantenerse a salvo en vuelo, escoltado por dos Dassault Mirage 2000D. La flota será derribada por una escuadra de doce Mikoyan MiG-35, traídos desde Rusia y pilotados por experimentados pilotos peruanos. El asesinato de un presidente latinoamericano, de un país en vías de desarrollo, y un gobierno de derecha aliado con los sectores del poder político y económico en las potencias del hemisferio norte desencadenará un conflicto armado a escala mundial.
Estados Unidos decidirá intervenir.
November 24, 2009, 2:17am






